La supervisión apropiada es la clave de una buena pensión. Las mascotas deben ser revisadas frecuentemente durante el día por alguien que esté entrenado para reconocer signos de enfermedad o stress.
Se requiere experiencia y conocimientos prácticos para detectar síntomas como el aletargamiento (“Pensé que solo estaba dormido”), desórdenes intestinales severos (los amigos rara vez revisan los excrementos para detectar sangrados), problemas urinarios (es casi imposible detectar sangre en la orina cuando se orinan en el pasto), pérdida de apetito, tos, estornudos, o descargas de los ojos o la nariz.
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El personal de la pensión debe estar entrenado para reconocer y evaluar dichos signos y buscar asistencia veterinaria cuando se necesite. De ahí que, usted debe tratar de evaluar la capacidad del personal de la pensión.
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